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Quebrantahuesos, desde el otro lado
cicloturismo

Este año, después de unos cuantos años alejado del mundo del cicloturismo, me decidí otra vez a volver a Sabiñánigo. Esta vez como espectador de la Quebrantahuesos. El día antes de la prueba, nada más llegar al polideportivo donde se organizan las inscripciones, volví a sentir de nuevo esas sensaciones que sólo aparecen en las grandes pruebas. Una cantidad de gente impresionante. Notas como los ciclistas se observan disimuladamente entre sí.  “Aquel está muy fino seguro que va a andar bien”; “¡Hombre!, mira quién ha venido, voy a saludarle”. Incluso hasta puedes percibir en la cara de algunos una especie de miedo o preocupación por lo que se avecina.


Javier Fernández
:: 25 de junio de 2004

Como ya era un poco tarde, después de que mis compañeros hicieran sus inscripciones, nos fuimos directamente al hotel, en Jaca. Allí, más de lo mismo, gente con las piernas depiladas por todas partes. Coches que llegan cargados de bicis y un constante trasiego en los ascensores. En fin, ciclismo por todos lados.

Sin dejar que se hiciera muy tarde, bajamos a cenar. Por supuesto, monotema. Después de la cena, paseíto por Jaca y de nuevo a la habitación del hotel. Ya en la habitación, mis compañeros, al igual que habría hecho yo, se pusieron a hacer un riguroso inventario del material que necesitarían para el día siguiente y tras comprobar que no faltaba nada, me preparaban cada uno su mochila para que se la llevase en el coche: el chubasquero, botellines para recambio, sales minerales, periódicos para la bajada de Somport, etc.

Tras una noche en la que a todos creo que nos cuesta conciliar el sueño, por fin nos despertamos, a las 6, con ganas de comprobar cómo nos iba a tratar el día climatológicamente hablando. En esta ocasión, no estaba nada claro. El día amaneció bastante nublado, pero no se sabía si iba a empeorar o si por el contrario el día sería claro.

Con cierta prisa y con una sensación algo nerviosa en el estómago bajamos a desayunar. Cada uno llena el depósito en la medida y con lo que sabe que tolera bien. Después otra vez a la habitación, y por supuesto, a pasar por el baño.

Como yo no iba a participar, dejé a mis compañeros camino de Sabiñánigo y me dirigí hacia el Somport. Nunca había sido espectador de la prueba, por ello nunca había podido darme cuenta de la cantidad de público que se mueve. A las 7:30 de la mañana ya había unos diez coches, y eso que todavía faltaba unas dos horas para que pasara la cabeza de la prueba. Poco a poco, aquello se fue llenando de coches y de gente. La mayoría llevaba bidones para repartir a sus conocidos, ropa de abrigo por si les hiciera falta y comida.


El público animando


A eso de las 9 y media pasó el primer ciclista destacado unos segundos del primer pelotón. Viendo como va la cabeza de carrera cuesta creer que sean cicloturistas. La gente estaba súper fina, y subían a un ritmo de auténticos profesionales. No obstante había entre ellos algún profesional (Gorka González, Chente García Acosta). En cuanto se atisbaba la llegada al alto del primer grupo me situé para repartir periódicos a los corredores, ya que lo más conveniente era protegerse la zona de la tripa y pecho, con el frío que hacía. Me dio un poco de pena la expresión de algunos corredores que pedían  periódico y nadie se lo daba, ya que los espectadores reservaban los que les quedaban para la gente conocida por ellos. Lo que hice fue buscar en un contenedor de basura que había por allí cerca. Encontré unos cuantos ejemplares y pude repartirlos a diestro y siniestro entre la carrera.

¡¡¡Y cómo anima el público!!! No sólo a sus conocidos. Todo el rato. Es de agradecer que haya personas dispuestas a estar animando y jaleando a los deportistas, y más si tenemos en cuenta que esto no es una carrera profesional, en la que en unos minutos pasan todos; aquí te puedes tirar viendo pasar ciclistas varias horas. Yo creo que una de las cosas que hace especial a la Quebrantahuesos y que más gusta al participante, es la cantidad de público que hay. Vayas al principio o al final, siempre vas a ver alguien animándote.

Una vez que habían pasado mis compañeros, fui contra carrera hacia el puerto de Portalet, para ver la penúltima subida. Me situé casi en la mitad de la puerto, justo en la presa de Artouste con la intención de meterle alguna lata de coca-cola en el maillot a aquellos corredores que no paran en el avituallamiento. Según me dirigía hacia ese punto, me crucé con la cabeza de carrera.

El primero marchaba el ganador de otros años, Iván Santurde, junto con otro más que yo no conocía. Subían a un ritmo impresionante. A unos segundos venía el profesional del Illes Balears- Banesto, Chente García Acosta, que en ese mismo momento se dio media vuelta y se fue a tomar algo al puesto de avituallamiento. Justo detrás de él, venía ya un grupito a unos 30 segundos. Supongo que serían en su mayoría gente que pasó en el primer grupo en Somport.


Cambia la fisonomía de los corredores


Cuando llegué a la presa de Artouste, el tiempo había mejorado algo, ya no había tanta niebla. En ese momento, el pasar de ciclistas era ya casi constante, como un reguero interminable de corredores. Me llamó mucho la atención que visto desde fuera, se notaba claramente como iba cambiando la fisonomía de los corredores a medida que se hacía más tarde. Los que pasaban en cabeza, todos muy finos, ordenados, muy juntos; los que venían más tarde, ya menos finos y juntos, y así sucesivamente. A este respecto, había veces que se notaba que algún ciclista no había hecho el mismo recorrido que el mismo. Digo esto porque se veía claramente que algún corredor iba en un “vagón” que no era el suyo.

En esos momentos, sentía bastante envidia de no estar entre los protagonistas, pero a medida que subía el puerto en el coche junto con los corredores, ese sentimiento iba desapareciendo, ya que desde donde estaba yo quedaban unos 15 Km de ascensión del Portalet y luego Hoz de Jaca. Ya no me acordaba lo largo que se hace el Portalet, y eso que el día estaba fresquito, porque con el calor la cosa se pone peor.

En la última subida, Hoz de Jaca no pude estar, ya que se cierra la carretera al tráfico que no sea de la organización. La gente vuela camino de Sabiñánigo. Con mi coche pasaba a grupos que iban hacia meta a 60 a la hora. Ahí sí que se va bien. Además creo que soplaba un poquito de culo. Y en la rampa de meta la ovación es atronadora. Da igual que seas el primero o el último. Último esfuerzo y a la ducha. A preparar la del año que viene.

Como el día estuvo muy nublado y húmedo, esto favoreció que no hubiese muchos problemas físicos derivados del calor como en otras ocasiones. Aunque al principio parecía que el primer grupo rodaba más despacio que otras veces, al final el ganador, Iván Santurde, de Castro (Cantabria), empleó 5h.57’14’’ alrededor de un minuto menos que el año anterior.

El año que viene estaré otra vez allí, pero sobre el sillín.

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Beny Arregocés Blanco