En un equipo, el papel del masajista es vital para los ciclistas.
Después de tantas horas de pedalear, sufriendo las inclemencias
del tiempo y los extenuantes recorridos, no hay como ponerse en sus
manos. Todos salen completamente relajados y preparados para tomar la
salida al día siguiente. Hablamos con los masajistas del
Euskaltel Euskadi, antes de su salida hacia el Tour de Francia.
Beny Arregocés Blanco :: 28 de junio de 2004
En el equipo Euskaltel Euskadi 6 masajistas de gran
prestigio y experiencia cuidan a los corredores. Son Txema
González, Óscar Kintana, los hermanos Xabier y Jon
Carbayeda, Patxi Erdoiza y Miguel Ángel Izaguirre.

Txema González y Óscar Kintana,
masajistas del Euskaltel Euskadi
"Cuando la etapa ha salido bien las sesiones se
convierten en un confesionario, los ciclistas se desahogan,
hablan de todo en confianza y se quedan tranquilos", comentan Txema
González y Óscar Kintana. "Sin embargo, si han tenido un
mal día, se quedan serios, callados. "Nuestra labor es
saber estar en cada momento,
animarles si es necesario, y, si se les ve contentos con el triunfo,
alegrarse con ellos, narrándoles la carrera”.
¿Y cómo es un día de trabajo de los masajistas de
los ciclistas profesionales? “Somos como sus madres,
les hacemos el desayuno, la comida y les preparamos la ropa. Nos
dividimos, unos por la mañana en el hotel con los desayunos.
Otros estamos en plena carrera, en la zona de avituallamiento y les
damos las bolsas con comida sólida y líquida.
Cuando subimos al autobús ponemos en marcha las lavadoras y
hacemos la colada. Al llegar a meta el corredor ve a una
persona amiga -un masajista-, que le recibe y atiende
con una bebida y toalla, mitigándole el cansancio, el sudor y el
agotamiento. Posteriormente le llevará, según
corresponda, al podio, control antidoping, punto de encuentro con la
prensa o al autobús con duchas que está aparcado cerca de
meta”, explican.
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